miércoles, 11 de febrero de 2009


El dolor puede cristalizar
bajo la piel.

Las lágrimas pueden velar
el brillo de los ojos.

La tristeza puede anidar,
para siempre, en la sonrisa.

La melancolía puede acompasar
los pasos a ninguna parte.

Los fantasmas de la vida
se pueden aferrar a tus recuerdos,
y pueden vivir en ti, de ellos.

Las heridas del miedo
nunca cicatrizan,
solo laten, escondidas, al acecho,
regalándote un tiempo en que creer,
una ilusión de huída.

Una vuelta más al laberinto
del dolor que, profundo,
en ti anida.


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